- El valor de caer. Equivocarte en un parado de manos o tropezar en la vida cotidiana nunca es fácil. Sin embargo, esos momentos en los que perdemos el equilibrio son fundamentales para conocernos mejor, crecer y encontrar una nueva perspectiva.
- El crecimiento que no se ve (gravitropismo). Así como un árbol desarrolla primero sus raíces bajo la tierra antes de extender sus ramas hacia el sol, gran parte de nuestro crecimiento ocurre por dentro, lejos de la vista, antes de hacerse evidente.
- El retiro como metáfora. Dejar atrás una agenda rígida para asistir a un retiro de yoga, como Xinalani, se parece mucho a practicar un parado de manos. Ambos requieren atrevernos a entrar en lo desconocido, abrirnos a una nueva perspectiva y poner nuestro mundo de cabeza para descubrir nuestra verdadera naturaleza.
“Equivocarte en un parado de manos y terminar en el piso es casi tan divertido como perder inesperadamente tu trabajo o que te rompan el corazón. Sin embargo, creo que caerse de un handstand es una parte esencial para comprender mejor quiénes somos.
Los parados de manos son extraordinarios laboratorios vivientes. De pronto, estar de cabeza tiene que convertirse en la nueva normalidad, y necesitamos reunir el valor para adaptarnos a una perspectiva completamente distinta.
Algo parecido sucede cuando dejamos atrás la rutina y las responsabilidades para asistir a un retiro de yoga. También puede sentirse inestable. Como un handstand, encontrar un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida personal requiere valentía y nos acerca al autoconocimiento. Yo misma me he caído muchas veces, tanto practicando handstands como intentando salir de una agenda demasiado rígida. Y justamente esas caídas me han permitido encontrar una nueva forma de mirar las cosas.
Los tropiezos son semillas de descubrimiento que nos permiten crecer en direcciones nuevas e inspiradoras.

Un árbol crece en dos direcciones al mismo tiempo: hacia abajo, hundiendo sus raíces en la tierra, y hacia arriba, buscando la luz del sol. Esos dos sistemas, raíces y copa, evolucionan de manera simultánea.
Aunque desde afuera parezca que nada está ocurriendo, bajo la superficie existe un crecimiento constante conocido como gravitropismo, es decir, la capacidad de crecer siguiendo la dirección de la gravedad. De hecho, las raíces que se desarrollan bajo tierra terminan pareciéndose mucho a la forma que el árbol tendrá algún día sobre la superficie.
El aprendizaje del handstand funciona de manera muy similar. Colocas las manos sobre un suelo fértil para aprender y plantas la semilla del parado de manos que algún día lograrás. Practicas posturas fundamentales como plancha, perro mirando hacia abajo, bakasana (la postura del cuervo) o la postura en “L”, caminando con los pies sobre la pared. Cada una de ellas funciona como un invernadero donde puedes comenzar, de forma segura, la transición de las raíces hacia el crecimiento.
“En un handstand te impulsas hacia lo desconocido… un poco como cuando decides inscribirte a un retiro en México, en un lugar cuyo nombre quizá todavía no sabes pronunciar del todo.
En realidad, esa preparación subterránea, profunda y guiada por el gravitropismo para tu aventura en Xinalani comenzó mucho antes de que subieras al avión. Cuando te inscribiste, tomaste la valiente decisión de alimentar tu curiosidad y no dejar que el miedo te impidiera dar el salto. En el muelle de Puerto Vallarta, elegiste decir “sí puedo” en lugar de “no puedo”, mientras subías a la lancha que te llevaría a través de la bahía hasta ese oasis escondido entre la selva que te estaba esperando.
Después, ya en el retiro, rodeado de plátanos, pochotes, aguacates, palmeras y cocoteros, la naturaleza se convierte en una guía para descubrir tu propia esencia, y los handstands funcionan como un recordatorio metafórico del valor de poner las cosas de cabeza de vez en cuando. Tu estancia en Xinalani te invita a seguir creciendo en dos direcciones: profundizando tus raíces y extendiendo tus ramas en todos los aspectos de tu vida.
Frente a ti, en la playa, los pelícanos se lanzan en picada hacia las olas con la esperanza de encontrar su recompensa, mientras tú sigues descubriendo la tuya al plantar las manos sobre la arena suave e impulsarte hacia arriba con una actitud de juego.

Para cerrar
Al final, tanto un handstand como un viaje a Xinalani nos invitan a hacer el mismo acto de valentía: aceptar la inestabilidad, confiar en nuestras raíces y mirar el mundo desde un ángulo completamente distinto.
El crecimiento no siempre es lineal y, desde luego, tampoco está perfectamente equilibrado todo el tiempo. Así que, ya sea que plantes las manos en la arena o que estés atravesando cambios en tu vida cotidiana, recuerda que cada tropiezo puede convertirse en la semilla de tu próximo gran avance.
No tengas miedo de poner las cosas de cabeza y descubrir qué puede florecer.
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